sábado, 29 de octubre de 2011

!#!

Sus dedos, inquietos, se mueven en aquella mesa de terraza de verano. No puede dejar de sonreir, la felicidad es ese algo a lo que siempre se ha sentido demasiado aferrado.
El sol hace que su pelo brille en mechones largos reflejo de esa vida austera y meláncolica que se a empeñado en llevar y es que nunca le ha hecho falta nada porque él siempre se ha conformado con tenerla al lado y ahora solo le queda soñar...ella se ha marchado...

jueves, 27 de octubre de 2011

Salamanca... musa de historias...


Traqueteo consciente de carreteras negras, viaje continuo. Guiño de ojos al sol que me alumbra en Salamanca fría, Salamanca oscura.
El invierno ha llegado y la lluvia grita bajo calles estrechas con paredes escritas.
Universidad milenaria, historia solemne, ciudad que enseña la sabia vida a la ingenua gente.
Matemáticas puras, médicos conscientes con filosofía absurda de pájaros en mente.
Río caudaloso de vaivén relativo, Tormes que engendra a aquel Lazarillo, en un ápice de ver el mundo con ojos de niño.
Silueta oscura de aquel que bajo un olmo escribió toda clase de dudas…  Salamanca, fría, Salamanca oscura…



Ojos de perro... alma noble...

Caminando por esa acera llena de historias viejas sin prisa, encuentro tus ojos, y me pierdo en ellos, en esa historia escrita para hacer un mundo mejor. Pienso en tu sonrisa, esa que siempre me ha hecho sombra, aparece cuando cruzo la esquina y después del primer beso te abandona...
Quedate a contar aquellas madrugadas que me prometiste, quedate a cantarme bajito y a tocarme esa guitarra vieja que tanto añoro en ciudad grande que no cobija...
Y susurrame al oído palabras que no estén escritas...
Las aceras de piedra gritan, les resbalan las gotas de lluvia fría en invierno oscuro de corazones nobles y mentes marchitas.
Y decirte de nuevo aquello de que tus ojos... simplemente, son poesía...

lunes, 10 de octubre de 2011

...Carta...

Buenas noches,  ¿cómo te va todo por allí? yo he empezado la universidad y estoy muy contenta, gente nueva, experiencias enriquecedoras y responsabilidades que me hacen madurar poco a poco. Tranquilo, no he dejado de escribir, se que te encantaban mis historias... ojalá pudieses leer todas las cartas que te he escrito en estos dos años... que rápido pasa el tiempo, ¿verdad? ya dos años, justamente hoy... y parece que fue hace nada cuando te fui a visitar por última vez, tu estabas muy malito y yo te sonreía, estaba orgullosa de ti, les habías relatado a todos mis hazañas en Panamá, te debía aquella sonrisa, te debía tantas cosas...; todos estaban muy tristes y eso me daba rabia, quería hacerte sentir feliz, que vieses que estaba allí y que no estaba triste, no contigo mirándome, y te dije que te quería y tu me sonreiste porque ya lo sabías... 

¿Sabes que he aprendido a hablar italiano? se que tu querías que fuese francés para así ayudarme con la pronunciación, pero me recuerda demasiado a ti, a tu historia, la de un hombre valiente y luchador que algún día narraré pues es digna de ser escuchada...

Por lo demás todo sigue parecido, unos más ocupados que otros pero tan unidos como de costumbre, así que como ves, allí a lo lejos, donde la luna brilla, puedes seguir estando orgulloso de nosotros.

Hasta siempre





sábado, 4 de junio de 2011

Arte

Pienso en tu cuello, en tu piel, en todo lo que hemos creado y cielo... eso si que es arte.
Arte es el amor que siento por ti, arte es cada una de nuestras miradas...y arte, mi amor, arte es el momento en que tus labios rozan los míos y nos fundimos en un beso...
Y entonces me doy cuenta de que el arte se siente, se crea, se imagina pero no se estudia, porque Leonardo no hizo la Gioconda para que viésemos si tuvo colesterol, si era un chico o una chica y sobre todo no la hizo para que nos divirtiésemos calculando su edad ... no, Leonardo la hizo, porque en ese momento así lo sintió, y eso es lo que deberíamos hacer todos: sentir y crear, sea lo que sea, pero algo que nos identifique y nos haga sentir bien...

No es problema suyo

Me encanta coger aquella guitarra llena de polvo y tocar algo sin tener ni idea de como hacerlo, me encanta pintarme y ponerme el pijama, me encanta mirarme al espejo con unas tijeras en la mano y ver caer los mechones de pelo...
Me encantan los besos robados,  las miradas prohibidas y hablar, hablar y hablar...
Me encantan las personas a las que les encanto y a las que no también, ¿por qué no?.
Me encanta viajar y perderme en medio de este mundo loco en el que vivimos.
Me encantas tú y él o ella, que mis amigos me llamen y que el bote de nocilla este lleno.
Me encanta poner la música alta y bailar como si pudiese derrumbar el mundo. Pero sobre todo me encanta que la gente me mire y piense "esta loca" porque quizá lo esté pero eso no es problema suyo.

miércoles, 27 de abril de 2011

He empezado tantas historias que perdí la cuenta....

Sentada en la ventana leo un libro y entre capítulo y capítulo observo la ciudad, grande, poderosa, hermética a la habladuría de sus calles y superpoblada de historias que aun nadie escribió…
El aire mueve a su antojo aquellos mechones de mi pelo que se escaparon de esa trenza improvisada, reflejo de toda una vida espontánea y sencilla…
Todo el entorno se ve envuelto en la oscuridad característica de la noche y miles de farolas alumbran la ciudad.
Dos chicos, enfundados en el bullicio de sus propias palabras y sus risas, recorren la calle con paso lento y armónico. El más alto de los dos se queda en silencio, me observa:
-¡Te vas a caer! – me grita preocupado.
Mi respuesta no es otra que una sonrisa y me concentro en las páginas de aquel exquisito libro que estoy leyendo. Advierto que ante mi calma se alejan envolviéndose progresivamente en un nuevo bullicio del que ahora formo parte.
La luna está alta, y ante la quietud de aquel barrio de aquella hermosa ciudad, el sueño se instala en cada recoveco de mi cuerpo obligándome a entrar en el dormitorio de aquel piso adornado con miles de recuerdos, y cerrar aquella ventana que haría de mí una persona ingeniosa, feliz, tal y como tantas veces había soñado.

 Lorena

jueves, 6 de enero de 2011

Emma's sighs (continuará... 2)

Monet sacaba la cabeza por la ventanilla, ausente a lo que estaba ocurriendo, yo, imaginaba tener esa capacidad, la de ser feliz pasase lo que pasase. El aire entraba al interior de aquel coche rojo y las lágrimas resbalaban incesantemente por mis mejillas, intentaba ser fuerte, intentaba no imaginar, no pensar, conducir, simplemente conducir.
Quería llegar, o no llegar…, que el viaje fuese largo, no sabía lo que me iba a encontrar y eso era lo peor, la incertidumbre y la duda.
Encendí el equipo de música y puse “Standby” de Extremoduro. La canción inundó aquel vehículo y el ambiente se hizo más soportable, incluso Monet parecía más tranquilo. Le acaricié y me miró con su lengua rosada fuera de su boca, después volvió a sacar la cabeza por la ventanilla.
Pasó un cuarto de hora y otro y otro, hasta que por fin pude divisar el campanario y las casitas del pueblo. Cada segundo que pasaba estaba más nerviosa. Descendí la velocidad hasta parar el motor, había llegado. Respiré centrada en lo que estaba haciendo, después observé la casa, parecía tranquila y eso en un primer momento me tranquilizó. Abrí la puerta del coche y salí, Monet me acompañó. La verja estaba abierta por lo que entré y atravesé el jardín. Mi tío estaba sentado en el suelo, apoyado contra la pared de la casa, con su mano derecha se tapaba la cara y con la otra sostenía un pañuelo.
-          Samuel, ¿qué ha pasado?, necesito saberlo ya… - me dirigí directamente hacia él.
-          ¡Anne! – se levantó y me abrazó- no te he oído entrar.
-          Por favor Samuel, dime que le ha pasado a mis padres.- Le pedí sopesando si de verdad quería saberlo.
-          Siéntate conmigo, hablemos- me pidió ahora él.
-          ¡No quiero sentarme, quiero que me lo digas! –grité.
-          Está bien, esta mañana tu padre fue a recoger a tu madre al trabajo y de vuelta… tuvieron un accidente, pero no es culpa de nadie, una mala visualización del cruce, un despiste quien sabe… - se explicó mi tío.
-          ¿Cómo están?- mi voz se quebró.
-          Tu madre está bastante grave, está en el hospital, tu tía Rose esta allí y tu hermana, ya que no hubo forma de convencerla para que se quedase.
-          ¿Y mi padre?, ¿cómo está él?- quise saber.
-          Él…, bueno verás, él se llevo el peor golpe- sus lágrimas caían a borbotones por sus mejillas.
-          No…-dije sin casi poderse apreciar. Las piernas se me doblaron, no tenía fuerza y caí de rodillas sobre el césped. Me abracé a mi perro con toda mi alma, notaba que la vida se me iba en cada suspiro, en cada lágrima, en cada recuerdo que me venía a la mente. 


miércoles, 5 de enero de 2011

Emma's sighs (continuará...)


          Mi pelo parecía moverse al compás del viento, sentía en la palma de mis manos la fina arena de aquella orilla donde las olas en su incesante vaivén mojaban mis pies. El sol, allí donde el azul del cielo y el del mar parecían ser el mismo, se hacía notar llenando de luz aquella mañana de septiembre. Monet, mi querido San Bernardo de un añito, estaba sentado a mi lado, y miraba fijamente el mar. Le acaricié. Mis padres me lo habían regalado el año anterior por mi cumpleaños, me iba de casa a estudiar en la ciudad y éste me acompañaría en este gran cambio. Se lo agradecía, ya que sin este magnífico compañero me hubiera sentido sola en muchas ocasiones.
            Me levanté y caminé por la orilla, mi perro se zambullía en el agua de cuando en cuando mientras me seguía. Me quedaban tres días más en la ciudad, después volvería al pueblo, a ver a mi familia antes de que las clases empezaran.
-          ¡Vamos, Monet! – me di la vuelta para llamarle. Era la hora de volver.
Cuando llegamos me duché, después cogí el teléfono y marqué a mi casa pero nadie contestó.
Saqué una cazuela y puse agua a hervir. Llené el recipiente donde Monet solía comer, y en otro le puse agua. El teléfono sonó.
-          ¿Si, dígame? –Pregunté al contestar.
-          ¿Anne? –preguntó la otra voz.
-          Sí, soy yo.-contesté.
-          - ¡Menos mal!, te he estado llamando toda la mañana, querida.
Sabía perfectamente que era mi tía, la hermana de mi madre, no tenía hijos y solía llamarme para ver como estaba.
-          Hola, estaba en la playa, no te preocupes, estoy bien.- Intenté calmarla.
-          Ya sé que tú estás bien…los que…- dudó - los que no están bien son… son tus padres.
-          -¡¿Qué?! , ¿Qué ha pasado, Rose?- pregunté preocupada.
-          Bueno ellos… tienes que venir enseguida- Colgó el teléfono.


martes, 4 de enero de 2011

Cueste...lo que cueste....

Y me ire para no volver, dejaré todo atras, no me daré la vuelta y no sentiré pena. Andaré hacia delante, creceré, maduraré y sonreiré por mis logros.. No consentiré que una lágrima resbale por mi mejillas, que la derrota me cubra con su áspero e indeseable manto, ni añorar mi pasado porque prometí irme para no volver y si por alguna absurda y extraña razón regresase, lo haría llena de gozo, llena de orgullo y mirando por encima a todos aquellos que un día me hicieron sentir insignificante y probarán aquel sentimiento que tan amargo me supo a mi. Algo es irrefutablemente cierto, y es, que quiero ser yo y que me voy a encontrar cueste lo que cueste.

domingo, 2 de enero de 2011

Sin más..

No suelo dejar que me abrumen las prisas,
Ni que me afecte que me digas,
Aquello de que mira, el mundo gira,
Prefiero ser una pequeña distraída.
Suelo rechazar a quien me pone nerviosa,
A quien dice que soy poca cosa,
O lo de “como osas”,
Lo acepto, soy caprichosa.
Suelo enamorarme de los pequeños detalles,
De la luna llena que ilumina las calles,
De tu boca, de tus ojos grandes,
Y de la manera que me dices que me calle.
Te ríes cuando dices que mi cabeza está perturbada,
Que mis ideas centrifugan desenfrenadas,
¿Lunática?, sería más correcto decir atolondrada,
O quizá de la vida enamorada.
Quiero que me lleves a esa calle de parís,
Que me mires, te mire y sonreir,
Que me cojas de la mano y que no me importe mentir,
Que me brillen los ojos porque sea feliz.
No me gusta generalizar, ni crear prototipos,
Aunque si me gusta que me quites el hipo,
A lo mejor, quien sabe, chico,
No soy ese dulce angelito.
Adoro que me toques la guitarra,
Que me digas que no me pega ser macarra,
Que me lleves a un bar y de allí a la barra,
Y todo lo que estas palabras narran.

Cuando nadie me ve...

Haces planes, una vida de sueños suspendida en el aire pero tienes la certeza de que son locuras que curan la vida, mentiras que duelen, hacen daño; es la droga cristalina que corre por tus venas, por tu sangre, esa que te impulsa, que hace que des el primer paso o que te quedes quieto, inmovil en tu sitio, que no muevas ficha, que puedas optar por perder la partida; que sonrías y que descubras que te gusta hacerlo; que por tu boca salgan palabras que vayan y vengan, un remolino de adjetivos incoherentes que describen a la perfección tu persona, que hacen que tus ojos busquen algo entre la multitud despreocupada. ¿Y qué sucede conmigo?, conmigo, nada.

Puede que pasen aviones, sueños o amores...

Una mañana como otra cualquiera me levanté y mirándome al espejo advertí que lo que realmente pasa es el tiempo, los años que azuzan el alma.
El sonido de aquella canción que inundaba mi cuarto me hizo añorar esas noches que pasábamos juntos, aquellas en las que la lluvía embriagaba nuestros sentidos y las sonrisas aportaban el oxígeno necesario a aquellas sábanas, de esa extraña habitación.
Cuando una botella de bourbon arreglaba nuestros males y tu mirada me incitaba a ser yo, y tu boca a enredarme en ella, a devorarte beso a beso.
Pero me obligo a recordar que no es más que eso, una efímera ilusión que incesante no me deja avanzar con mi vida perturbándome el presente y arriesgando mi futuro.

Nostalgia...

Tu y tu mirada, la luz de la luna llena en Chicago, los cristales empañados de aquella habitación y con una mano en mi nuca y la otra en mi cintura, me besaste. Cerré despacio mis ojos y al abrirlos la luz de la luna simplemente desapareció.

Tus mil sonrisas

Suelo imaginar cada recoveco de tu vida, suelo imaginar tu piel lisa y recordar tu piel arrugada por años y sabiduría. Tus ojos fijos, tu pelo negro que terminó por ser blanquecino y tus historias sobre Francia, Las Américas o el pueblo.
Suelo hablarte en la distancia y sentirte cerca, mirar la paella triste porque desde que tu dejaste de hacerla ninguna me ha gustado tanto.
Recuerdo constantemente tu humor, porque es el mío, tan malo como de costumbre, e intento olvidar las despedidas, que tan poco nos gustaban.
Es bonito recordarte, tal y como eras, con tus enfados tontos y tus mil sonrisas.