domingo, 2 de enero de 2011

Cuando nadie me ve...

Haces planes, una vida de sueños suspendida en el aire pero tienes la certeza de que son locuras que curan la vida, mentiras que duelen, hacen daño; es la droga cristalina que corre por tus venas, por tu sangre, esa que te impulsa, que hace que des el primer paso o que te quedes quieto, inmovil en tu sitio, que no muevas ficha, que puedas optar por perder la partida; que sonrías y que descubras que te gusta hacerlo; que por tu boca salgan palabras que vayan y vengan, un remolino de adjetivos incoherentes que describen a la perfección tu persona, que hacen que tus ojos busquen algo entre la multitud despreocupada. ¿Y qué sucede conmigo?, conmigo, nada.

Puede que pasen aviones, sueños o amores...

Una mañana como otra cualquiera me levanté y mirándome al espejo advertí que lo que realmente pasa es el tiempo, los años que azuzan el alma.
El sonido de aquella canción que inundaba mi cuarto me hizo añorar esas noches que pasábamos juntos, aquellas en las que la lluvía embriagaba nuestros sentidos y las sonrisas aportaban el oxígeno necesario a aquellas sábanas, de esa extraña habitación.
Cuando una botella de bourbon arreglaba nuestros males y tu mirada me incitaba a ser yo, y tu boca a enredarme en ella, a devorarte beso a beso.
Pero me obligo a recordar que no es más que eso, una efímera ilusión que incesante no me deja avanzar con mi vida perturbándome el presente y arriesgando mi futuro.

Nostalgia...

Tu y tu mirada, la luz de la luna llena en Chicago, los cristales empañados de aquella habitación y con una mano en mi nuca y la otra en mi cintura, me besaste. Cerré despacio mis ojos y al abrirlos la luz de la luna simplemente desapareció.

Tus mil sonrisas

Suelo imaginar cada recoveco de tu vida, suelo imaginar tu piel lisa y recordar tu piel arrugada por años y sabiduría. Tus ojos fijos, tu pelo negro que terminó por ser blanquecino y tus historias sobre Francia, Las Américas o el pueblo.
Suelo hablarte en la distancia y sentirte cerca, mirar la paella triste porque desde que tu dejaste de hacerla ninguna me ha gustado tanto.
Recuerdo constantemente tu humor, porque es el mío, tan malo como de costumbre, e intento olvidar las despedidas, que tan poco nos gustaban.
Es bonito recordarte, tal y como eras, con tus enfados tontos y tus mil sonrisas.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Ideas...

Suelo colgar mis ideas en un tendedero que hace mucho tiempo me regaló mi abuela. Las escurro, las estiro y las cuelgo, todo para que el viento seque aquellas gotas que decidieron quedarse alli, en mis ideas. Muchas veces las miro y sonrío percatándome de que algunas son imposibles, pero aun así albergo la posibilidad de que se sequen, se airén y me las pueda meter por la cabeza abrigándome en este frio Otoño.
En ocasiones, la gente me pregunta que siendo tan pequeña cómo consigo tan grandes ideas, y mi respuesta es fácil y concisa: No lo sé. Una vez conseguí una mirando el mar, otra se metió por mi ventana y me golpeó en al cabeza.
Simplemente son ideas, unas viejas y otras aparecen sin más, todo es saber cogerlas a tiempo.

martes, 14 de septiembre de 2010

¿?


Hoy se ha levantado malhumorado, no tiene ganas de sonreir, es un día triste, llueve.
Lo que no sabe es que bajo esa lluvia la encontrará a ella.

...

El asfalto húmedo y frio contrasta con el reflejo de las luces de aquellos semáforos. La tercera letra de una canción me hace pensar en ti, sopeso el peso del pasado y me empeño en empeñar mi tiempo que se desintegra segundo a segundo.
Ideas fijas se instalan en mi mente, quiero atesorar momentos, mirar con lupa los detalles y no equivocarme.
Tus palabras se dispersan rápidamente ubicándose en cada esquina de mi cuerpo, y tengo sed, y los adoquines van quedando atrás mientras susurro versos de amor.
Y tendrías que saber que volvería a acurrucarme en los rincones habitados por fantamas, volvería a acariciar tu cuerpo, a dejarme llevar por la pasión del momento, a tropezar mil veces con la misma piedra si esta llevase tu nombre.